Fui confinado a las oscuras profundidades del inframundo… con mi perro, mi único acompañante; destinado a cruzar las almas de los que apenas habían dejado el mundo de los vivos, asignado a esta labor por toda la eternidad, sin la esperanza de mi propia muerte… por traidor.
Cada día cruzaba un extremo a otro el rio de la muerte, escuchando las historias de aquellos que no se resignaban al destino y también de aquellos que lo recibían con alegría; con ayuda de mi acompañante decidía quienes eran dignos de liberar su alma de los mundanos pesares que aun sin cuerpo persistían, aquellos que en vida habían sido generosos con los seres de otra raza; y entre ambos grupos no había quien no quisiera ser escuchado, no había alguno que no quisiera quejarse, alguno que contuviera la historia de sus penas.
En mi labor no existía ni día ni noche, estuve siempre entre las sombras…
Como cualquier otro momento, una chica pálida y delgada esperaba la barca, sin expresión… extrañamente silenciosa, mi fiel amigo se acerco más alegre que de costumbre… lamio sus pies descalzos, parecía haber muerto mientras dormía, pues usaba un blusón corto y ligero.
Se mantuvo en silencio. Habíamos ya atravesado un largo tramo, para ese momento cualquier otro ya me habría contado la historia de la vida incluso de sus abuelos…
-¿Cómo fue tu muerte?- murmuré.
Ella levanto su rostro y sus tristes ojos profundos traspasaron mi inmortalidad… me hirieron hasta el alma… -amor…-
-tu muerte… ¿cómo es que moriste?-, repetí más fuerte
Ella me mostro sus manos hasta ahora ocultas entre su camisón, sus muñecas llenas de cortes… esperaba algo más impactante de esa particular pasajera.
-¿por qué hiciste eso?- pregunte con un dejo de desaprobación en mi voz, los humanos no sabían lo afortunados que eran al tener una vida…Ella puso en pie su frágil cuerpo y levanto la vista:
-quería verte una vez más mi amor…-
Aquel ser que conocí en un bosque oscuro, aquel ser del que me enamore…aquel ser que dejo de ser lo que era, olvidándose de su inmortalidad por mi amor… aquel ser al que traicioné y por el cual pago esta condena… estaba ahí, frente a mi, con la misma mirada de amor que tuvo siempre hacia mi.

