Un monumento impresionantemente resguardado, estaba aislado del mundo, a salvo de todos los peligros que existían en ese lugar llamado realidad, que según dicen, es muy peligroso. Había muchos visitantes, pero no reunían los requisitos para pasar al interior, habían pasado ya los años y nuca nadie había podido entrar a explorar lo inexplorado. Un invierno con los vientos helados golpeando mi rostro pálido e inexpresivo tuve que ir a recibir un inquilino que había estado asistiendo con persistencia de manera constante desde hacía meses; esa noche hubo algo diferente, único y especial. Miré directamente a sus ojos y descubrí algo que nunca ningún otro había tenido en el alma, tome las llaves que jamás habían sido usadas y abrí el portón. Él entró. Pasó muchos días caminando entre los pasillos, descubriendo cosas maravillosas, todo con un cuidado y una delicadeza impecables. Decidí que no necesitaba mi guía, era libre de caminar entre los muros de la construcción, deposité en el mi confianza al cabo de unos meses, todo estaba en orden, todo parecía tener el mismo aspecto que cuando era nuevo y solitario, inclusive lucia más pintoresco y acogedor. En un recorrido que emprendimos juntos vi que mes tras mes la construcción se había deteriorado y había grietas en todos los rincones… unas muy tenues y otras que hacían un espantoso espectáculo en los pilares a punto de caer.
Le pedí que se fuera. Con una disculpa que parecía estar salpicada de sinceridad y la promesa del nunca más, pudo volver a deambular por entre los pasillos, reparó algunas grietas, y con mas meses de por medio recupero la oportunidad de pasear sin mi vigilancia. El tiempo se encargo de restaurar la hermosura del monumento, tenía las marcas de mi error, sin embargo conservaba aun esa belleza de lo puro. Había pasado un año desde la primera vez que el inquilino había logrado pasar el muro impenetrable y me detuve a contemplar el inmueble junto con él. Murmuró entonces las últimas palabras que escuché. Mi corazón, hasta entonces completo, fue cayendo pedazo a pedazo y la belleza quedo extinta bajo los escombros de mi equivocación… y fue ésta la vez primera, en mi aun corta existencia que un individuo me despedazó el corazón.
He vuelto a levantar un muro… y ahora pretendo recordar esas últimas palabras para tallarlas en donde nunca nadie las pueda olvidar. No he podido recuperarlas aun…

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