lunes, 14 de febrero de 2011

Memorias

Fui confinado a las oscuras profundidades del inframundo… con mi perro, mi único acompañante; destinado a cruzar las almas de los que apenas habían dejado el mundo de los vivos, asignado a esta labor por toda la eternidad, sin la esperanza de mi propia muerte… por traidor.
Cada día cruzaba un extremo a otro el rio de la muerte, escuchando las historias de aquellos que no se resignaban al destino y también de aquellos que lo recibían con alegría; con ayuda de mi acompañante decidía quienes eran dignos de liberar su alma de los mundanos pesares que aun sin cuerpo persistían, aquellos que en vida habían sido generosos con los seres de otra raza; y entre ambos grupos no había quien no quisiera ser escuchado, no había alguno que no quisiera quejarse, alguno que contuviera la historia de sus penas.
En mi labor no existía ni día ni noche, estuve siempre entre las sombras…
Como cualquier otro momento, una chica pálida y delgada esperaba la barca, sin expresión… extrañamente silenciosa, mi fiel amigo se acerco más alegre que de costumbre… lamio sus pies descalzos, parecía haber muerto mientras dormía, pues usaba un blusón corto y ligero.
Se mantuvo en silencio. Habíamos ya atravesado un largo tramo, para ese momento cualquier otro ya me habría contado la historia de la vida incluso de sus abuelos…
-¿Cómo fue tu muerte?-  murmuré.
Ella levanto su rostro y sus tristes ojos profundos traspasaron mi inmortalidad… me hirieron hasta el alma… -amor…-
-tu muerte… ¿cómo es que moriste?-, repetí más fuerte
Ella me mostro sus manos hasta ahora ocultas entre su camisón, sus muñecas llenas de cortes… esperaba algo más impactante de esa particular pasajera.
-¿por qué hiciste eso?- pregunte con un dejo de desaprobación en mi voz, los humanos no sabían lo afortunados que eran al tener una vida…Ella puso en pie su frágil cuerpo y levanto la vista:
-quería verte una vez más mi amor…-
Aquel ser que conocí en un bosque oscuro, aquel ser del que me enamore…aquel ser que dejo de ser lo que era, olvidándose de su inmortalidad por mi amor… aquel ser al que traicioné y por el cual pago esta condena… estaba ahí, frente  a mi, con la misma mirada de amor que tuvo siempre hacia mi.

Sametgen


Imprevista sombra, que adorna un mundo nuevo 
Figura curvilínea perfecta, tan bien vestida y preocupada por el pensamiento ajeno, ¿tan ajeno es tu deseo por el ayer? Ansiosa de observarlo nuevamente, y tenerlo entre tus brazos, olvidas que ahora ya tienes un nuevo futuro sin el, sombra de confusión en que te has metido esta vez , haz con la razón lo que deseas pero por favor no contamines tu alrededor con estas falsas esperanzas, asfixia tan corrupta anhelas con desesperación tu imaginación palpable, susúrrame que todo acabo y que todo con el termino, mis sueños giran en torno a tus palabras tan lúdicas, no te acompaño desde el inicio del tiempo ni mucho menos desde la aparición de un sentimiento pero ahora observándote tan desesperada por un futuro mejor, mis ideas han decido tomar otro camino entre tus formas, ya no quieren arrebatarle la felicidad a aquella imagen del recuerdo.
Eres tan impredecible coherencia personal, te mueves de un lado a otro como escapando de la estabilidad emocional, tan furtivo es tu corazón, lo veo alejarse pero no hago nada, debería de actuar, pero las acciones no son algo característico en mi imagen de filosofo indiferente , otra vez te observare hablar con elocuencia y entusiasmo sobre visitas inesperadas , formare líneas verticales entre mejillas y mi alma solo lograra pronunciar 
-buena suerte- buena suerte mi sombra de encantos vespertinos, adorable como ayer, indomable como siempre.
-sametgen-


ésta es la primera de las veces


Un monumento impresionantemente resguardado, estaba aislado del mundo, a salvo de todos los peligros que existían en ese lugar llamado realidad, que según dicen, es muy peligroso. Había muchos visitantes, pero no reunían los requisitos para pasar al interior, habían pasado ya los años y nuca nadie había podido entrar a explorar lo inexplorado. Un invierno con los vientos helados golpeando mi rostro pálido e inexpresivo tuve que ir a recibir un inquilino que había estado asistiendo con persistencia de manera constante desde hacía meses; esa noche hubo algo diferente, único y especial. Miré directamente a sus ojos y descubrí algo que nunca ningún otro había tenido en el alma, tome las llaves que jamás habían sido usadas y abrí el portón. Él entró. Pasó muchos días caminando entre los pasillos, descubriendo cosas maravillosas, todo con un cuidado y una delicadeza impecables. Decidí que no necesitaba mi guía, era libre de caminar entre los muros de la construcción, deposité en el mi confianza al cabo de unos meses, todo estaba en orden, todo parecía tener el mismo aspecto que cuando era nuevo y solitario, inclusive lucia más pintoresco y acogedor. En un recorrido que emprendimos juntos vi que mes tras mes la construcción se había deteriorado y había grietas en todos los rincones… unas muy tenues y otras que hacían un espantoso espectáculo en los pilares a punto de caer.
Le pedí que se fuera. Con una disculpa que parecía estar salpicada de sinceridad y la promesa del nunca más, pudo volver a deambular por entre los pasillos, reparó algunas grietas, y con mas meses de por medio recupero la oportunidad de pasear sin mi vigilancia. El tiempo se encargo de restaurar la hermosura del monumento, tenía las marcas de mi error, sin embargo conservaba aun esa belleza de lo puro. Había pasado un año desde la primera vez que el inquilino había logrado pasar el muro impenetrable y me detuve a contemplar el inmueble junto con él. Murmuró entonces las últimas palabras que escuché. Mi corazón, hasta entonces completo, fue cayendo pedazo a pedazo y la belleza quedo extinta bajo los escombros de mi equivocación… y fue ésta la vez primera, en mi aun corta existencia que un individuo me despedazó el corazón.
He vuelto a levantar un muro… y ahora pretendo recordar esas últimas palabras para tallarlas en donde nunca nadie las pueda olvidar. No he podido recuperarlas aun…